Sábado 26 de Junio de 2010 - Estadio Olimpico - Sevilla
Pocos podíamos imaginar hace un par de años que podríamos disfrutar a AC/DC en España en varias ocasiones en un breve espacio de tiempo. Y tras sus multitudinarios conciertos del año pasado nos encontrábamos con la agradable sorpresa de que Angus y compañía decidían alargar su gira en 2010 y terminarla en nuestro país. En esta ocasión las ciudades agraciadas volvían a ser Bilbao, que ya les acogió en abril de 2009 y Sevilla, para gran alegría de buena parte del público rockero siempre obligado a largos desplazamientos para ver a grandes bandas. En Sevilla el concierto se programaba en el Estadio Olímpico, un inmenso recinto con capacidad para 70.000 espectadores, dentro del maravilloso marco que es la ciudad andaluza. Ideal para una escapada y disfrutar un gran concierto, un sábado muy especial.
Desde la mañana del sábado Sevilla amanecía tomada por seguidores de AC/DC. Era imposible no encontrarse a alguien sin una camiseta con el logotipo que ya ha superado el mero hecho de ser el nombre de un grupo musical. Miles de personas llegadas de todas partes inimaginables y que dejaban pasar las horas en armonía, refrescándose al ritmo de conversaciones de esas del "y te acuerdas…" lideradas por aquellos que ya habían visto a la banda en alguna ocasión y seguidas con pasión por los que todavía no lo habían hecho y esperaban impacientes a que llegase la tarde para poder comprobarlo por si mismos.
Ya desde bien temprano el Estadio Olímpico comenzó a llenarse. Con paciencia, tras ciertos desbarajustes en la señalización de las entradas y las puertas de acceso, miles de personas fueron ocupando su sitio en el inmenso estadio que al final no registraría un lleno absoluto. De hecho no fue difícil encontrar entradas vendidas incluso a un precio más bajo del inicial. Y es que en las propias taquillas del estadio era posible hacerse con el preciado papel para franquear la puerta al espacio de los sueños. No, no se llenó el Olímpico, pero estuvo cerca. Cerca de 60.000 personas miramos con pasión al escenario cuando poco después de las diez de la noche comenzó la fantasía.
Previamente Los Perros del Boogie, banda valenciana de rock and roll clásico caldearon el ambiente, especialmente a las primeras filas. No gozaron de buen sonido. O más bien habría que decir que su sonido fue nefasto y que eso lastró enormemente su actuación. Su música, entroncada en ese estilo que ya se está convirtiendo en un clásico de los grupos valencianos , vacilón, divertido y rockanrolero al máximo quedó un papel muy secundario. Y es que telonear a AC/DC es difícil, mucho. Pero los amantes del Rock and Roll harían bien en no perder de vista a estos chicos. Prometen mucho y seguro que tras abrir para los más grandes su carrera va a tener un gran impulso.
Terminada la actuación de Los Perros del Boogie fueron los Stones los que sonaron durante minutos que se hacían eternos. Caía la noche sobre Sevilla y la imagen de miles de cuernecitos iluminados, el "merchan" más utilizado (al precio de cinco euros), creaba una visión casi mágica. La electricidad de las pequeñas pilas que iluminan el cachivache parecía trasladarse a todos los rincones del estadio y por fin comenzaba la película que abre las actuaciones de esta gira. In crescendo, aumentando la velocidad con un ritmo maléfico hasta que, al tiempo que la locomotora literalmente irrumpe en el escenario, unas llamaradas en la plataforma central daban paso a Angus Young lanzando los primeros acordes de "Rock and Roll Train".
Cualquiera que haya acudido alguna vez a un concierto de AC/DC sabe lo que eso supone. El estallido de miles de gargantas. Decenas de miles de brazos al viento saludando al pequeño guitarrista eternamente vestido de colegial. Si es la primera vez, es difícil no sentirte atrapado por la emoción y mezclar los gritos con el deseo de no perderte una sola de las evoluciones del pequeño de los Young. Y de ahí las miradas a su contrapartida, el cantante que treinta años después sigue siendo la referencia como frontman. Brian Johnson y su eterna pose chulesca, su voz aguardentosa y su imagen de tipo corriente que un día empezó a cantar Rock and Roll para ya nunca parar.
Esa primera canción, seguida de un efusivo saludo a Sevilla por parte de Jonna, sirvió también para fijarnos en que a Angus parece que el tiempo le sienta mejor, con su pelo más largo e igual de activo que siempre, que Cliff y Malcolm son dos convidados sin los que jamás podría concebirse el sonido de AC/DC y que Phil sigue siendo tan conciso como efectivo en su ritmo constante. "Hell ain´t a bad place to be" y "Back in black" fueron coreadas de forma estridente por un público entregado en la pista y en la grada, pese a que el sonido, ya a esas alturas de concierto no auguraba grandes mejoras.
En este punto quiero hacer una pausa. Desde donde yo estaba situado, frente al escenario, en la grada, el sonido durante todo el concierto fue absolutamente horrible. Con rebotes y momentos en los que la voz de Brian era en ocasiones ininteligible. Tras el concierto hablé con muchas personas y cada uno de ellos me dieron su versión. Algunos estaban satisfechos de la calidad del sonido, aunque bastantes hacían hincapié en que durante todo el concierto el sonido fue manifiestamente mejorable. Personalmente, e insisto, desde yo me encontraba, creo que en esta ocasión el mayor pero del concierto radicó en esto.
"Big Jack" nos devolvió a su último trabajo, y tras el breve parón que siguen suponiendo los temas más actuales, "Dirty deeds done dirt cheap", y una inmensa "Shut down in flames" en la que hasta el solo es cantado por el respetable. Angus corre sin parar por la pasarela de 50 metros y por el inmenso escenario como si le llevara el diablo. Brian no para de mirar a los ojos a los miles de miradas que sonríen al mismo tiempo que enloquecen cuando "Thunderstruck" comienza a atronar en el Olímpico. Si estás lejos observas a Angus seguido por las cámaras situadas a sus pies mientras ejecuta un enloquecido paso de la oca. Si estás cerca, simplemente saltas y sudas. Eso es un concierto de AC/DC puro Rock and Roll, sin más. ¿Acaso es necesario algo más?
Tras "Black Ice" el blues desenfrenado se encarga de meternos veneno en la sangre. "The Jack" sirve para que Angus ejecute su legendario striptis, aprovechado últimamente para mostrar unos calzones con el logotipo del grupo (puestos estratégicamente a la venta como merchandising) y para que el realizador detecte a féminas que subidas a hombros van desfilando por las pantallas para pasión del respetable. Puro sexo y puro divertimento que da paso a la bajada de la campana que anuncia "Hell´s Bells", en la cual apenas se balanceó por unos instantes Brian. ¿Muy mayor para hacer ya esos equilibrios? Tal vez, pero su efectividad está fuera de dudas. Como lo está el atacar "Shoot to thrill" acompañado por miles de personas que se convierten en el verdadero rayo que separa las dos letras mágicas.
"War Machine" sigue soportándose en el divertido vídeo que se proyecta en las pantallas y en el que se ve a los miembros de la banda como una auténtica máquina de guerra, "High Voltage" por fin recuperada, colma las expectativas de los más clásicos y "Shook me all night long" continua siendo una de las canciones más celebradas. Lo de menos es que a estas alturas los parones entre tema y tema sean cada vez más largos o que la voz de Brian no luzca hoy en su mejor momento. Lo importante es que un tema clave de la historia de la música está siendo interpretado por sus creadores junto a miles de almas.
De ahí la recta final del concierto viene sola: "TNT" pura adrenalina. Rosie subida a la enorme locomotora haciéndola pequeña mientras la voz de Brian sufre un bajón cada vez más notable y la electricidad en vena de "Let there be rock" en el que AC/DC se convierten en algo más que una banda de rock. Una vez alguien me preguntó qué podía hacer para entender a ese grupo que lleva décadas en lo más alto haciendo, aparentemente, siempre lo mismo. Le dije, escucha "Let there be rock" en directo. Así lo entenderás. No hay más. Bueno, si. Hay momento de gritar como posesos con "Highway to hell" y de sentir que Angus es la encarnación del Diablo con la que cualquiera soñaría y de despedirnos a ritmo de doce cañones mientras cinco tipos nos saludan tras dos horas de agitarnos como prácticamente ningún otra banda en el mundo puede hacerlo.
Un concierto de Rock tiene mucho de liturgia, de religión. Pero si hay un grupo que lo lleva a cabo a la perfección esos son AC/DC. Lo de menos es que calquen un concierto de otro, incluso con un año de diferencia. Tal vez en eso radique su grandeza. Da igual que el sonido pueda fallar en un momento determinado. Porque al final lo que quedan son las sensaciones. Y las caras de los asistentes cuando, tras unos breves fuegos artificiales, desfilamos hacia el centro de Sevilla. No era difícil identificarnos. Muchos mostrábamos una sonrisa bobalicona en la cara y si alguien nos preguntaba cómo había estado el concierto era fácil definirlo, "tío, AC/DC, ¡Eso es Rock and Rol!l".