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A sangre y fuego; volumen brutal. Con una versión amplificada del explosivo show que ofrecieron a finales del año pasado en el BEC, los germanos de Rammstein, la aparatosa banda de metal industrioso, rompió anoche el cielo en el monte Kobetas. El festival arrancó con buena entrada, aunque sin las aglomeraciones que parecían augurar las largas colas frente a unos buses lanzadera escasos en horas punta.
Todavía a plena luz, la cosa empezó a caldearse con el potente metalcore de Bullet for My Valentine, cuarteto galés que en su primera parada por estos lares alternó temas de su nuevo album ('Fever') con números coreados como '4 Words' o 'All these things I hate'. El asunto subió de grado con Skunk Anansie, cuarteto londinense que en la segunda mitad de los 90 obtuvo también ventas millonarias defendiendo un aguerrido y agnóstico rock metalizado, salpicado de soflamas políticas y declaraciones de feminismo racial.
La presencia de esa pantera negra de cráneo rasurado apodada Skin encandiló al personal. El animal escénico que sigue siendo esta especie de Grace Jones vuelve a ser el principal gancho de este combo, que volvió a reunirse el año pasado tras su disolución y trajo anoche a Bilbao a su alineación original. El cuarteto se arrancó con 'Selling Jesus', el sencillo que hace quince años les puso en el mapa de rock. Uno sus trallazos postreros, 'Charlie', sirvió para introducir 'Because of you', aperitivo del nuevo dico que lanzaran en septiembre (Wonderlustre) del que también adelantaron 'My Ugly Boy'.
Los temas de la turbulenta ultima etapa de SA parecen haber mejorado con los años, aunque ensombrecidos ante la pegada viciosa de 'Little Baby Swastikka', ejemplo de lo que Skin no se cortó en definir en su día como «Clit Rock». Oscilando entre forzada y combativa, Skin hizo contorsionismo corporal dramatizando los temas centrales de sus estimables discos iniciáticos 'Paranoid & Stutborn' y 'Stoosh'. Sonaron recordados por el personal de las primeras filas 'I Can dream', presentada como un tema de sexo explícito, 'Charity', 'Everyday Hurs' y un 'Weak' que Skin cantó andando literalmente sobre un mar de brazos.
Queda la duda de cómo hubiera sonado y lucido la resultona luminotecnia en horario nocturno y en escenario grande, con el que sí contaron después los punkarras y también politizados Rise Against.
Y llegó la esperada medianoche y cual 'monstruo de Viena' en un escenario macabro apareció el gigante Till Linderman, que mediatizó con sus movimientos catárquicos y su profundo bramido un concierto-performance enfatizado con luces cegadoras y salpicado de efectos pirotécnicos, lanzallamas, explosiones y numeritos como el del teclista sobrevolando al personal en una zodiac o el gran falo eyaculador de espuma, a modo de fluido seminal, que el cantante disparó sobre las primeras filas. Ambigüedad y germanismos al margen, su manera de actualizar el 'shock rock' y de practicar el sarcasmo y la provocación es, por momentos, tan lúdica que acaba quitando hierro, tanto a su atronadora aleación metálica como a su supuesto carácter transgresivo y provocador.
Rammstein es solo un circo, nada de música y Slayer, Rise To Fall, Anti-flag y Volbeat no tocarón.
