Por lo visto en Coruña no ha estado mal.Poco queda en Paul Di' Anno de la imagen icónica que cultivó al frente de Iron Maiden (1978-1981). De aquel macarra envuelto en cuero negro y tachuelas se ha pasado a una especie de abuelo del heavy encantado de rebozarse en el recuerdo de su glorioso pasado. Cuando entró en la sala ¡con bastón!, más de uno se quedó boquiabierto. Cuando se subió a la tablas, esas bocas abiertas se multiplicaron. Pero no por su estado físico, que también, sino por las buenas vibraciones que de allí se desprendían. Sirvieron los cuatro minutos y pico que inauguraban Killers, el segundo álbum de Iron Maiden. En efecto, la dupla de The Ides of March y Wrathchild despejó cualquier duda. Al contrario que en su estilo original -con esa violencia contenida tan cool- Di? Anno ahora se suelta, coge velocidad y se sitúa más cerca de la escuela de Johnny Rotten que de otra cosa. Y, ojo, el cambio le sienta a las mil maravillas.
Comunicativo y simpático con su público, fue alternando temas de Maiden con otros de su carrera en solitario. Obviamente triunfaron los primeros, con el fuego de Murders in the Rue Morgue o su favorito personal, Remember Tomorrow, interpretada en honor a su abuelo.
Sin embargo, lo mejor se dejó para un trepidante tramo final. La cadena formada por Killers, Phantom of the Opera y una apoteósica Running Free puso la sala patas arriba. Y el bis con el instrumental Transylvania recibida a botes y una versión hiperacelerada del Blitzkrieg Bop de los Ramones sirvió como broche a una noche de nostalgia, gozo y, ¿por qué no decirlo?, justicia histórica.
Sala Green, A Coruña. Lunes, 31 de octubre, Lleno.
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